Una nueva ofensiva con misiles y drones por parte de las fuerzas rusas volvió a golpear de manera directa la red de infraestructuras civiles, energéticas y de transporte en territorio ucraniano, provocando la muerte de al menos siete personas y decenas de heridos en diversos puntos del país. La escalada militar afectó con severidad a la capital, Kiev, así como a nodos estratégicos en el sur y la cuenca del mar Negro.
En Kiev, donde los ataques aéreos no dan tregua, los impactos destruyeron instalaciones comerciales e infraestructura urbana. El alcalde capitalino, Vitali Klitschko, confirmó víctimas fatales y múltiples hospitalizaciones tras el impacto de drones kamikaze. De forma paralela, el director de la red estatal de ferrocarriles, Oleksandr Pertsovsky, advirtió que el sistema ferroviario en la región de Kiev está siendo blanco directo de las incursiones armadas, pidiendo máxima cautela a los usuarios ante la interrupción de los servicios y las tareas de contingencia de las brigadas de reparación.
La ofensiva rusa también impactó sobre la logística agroexportadora y portuaria en la región sureña de Odesa. Un ataque con proyectiles alcanzó un buque mercante de bandera internacional en aguas del mar Negro, provocando la muerte de su capitán de nacionalidad ucraniana y desencadenando voraces incendios en depósitos de insumos médicos y alimentos. Las autoridades locales denunciaron que las pérdidas económicas y el bloqueo logístico responden a una estrategia deliberada para asfixiar las rutas comerciales del país.
Desde el gobierno ucraniano encendieron las alarmas por la sistemática destrucción de activos logísticos, servicios de telecomunicaciones y redes energéticas que afectan la vida cotidiana de millones de ciudadanos. En un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas que impactan a escala global, la constante agresión sobre bienes no militares profundiza la crisis humanitaria e interrumpe de forma severa el comercio transatlántico.
