En medio de una profunda reconfiguración económica que impacta de lleno en Córdoba y el resto de las provincias mediterráneas, Argentina y Estados Unidos formalizaron un multimillonario acuerdo de infraestructura por USD 7.000 millones. El convenio, sellado en Nueva York entre el canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado norteamericano Chris Landau, plantea el desarrollo del denominado «Corredor Andes-Atlántico», una megaobra proyectada para 2027 que reabre el debate sobre qué regiones serán verdaderamente priorizadas y cuáles quedarán al margen del mapa del desarrollo.
El megaproyecto promete obras de gran escala en transporte, energía y telecomunicaciones. Sin embargo, el foco está claramente definido: vincular la producción minera del noroeste y la cuenca de Vaca Muerta con los puertos exportadores. La delegación oficial contó con la presencia del ministro de Economía, Luis Caputo; el titular de YPF, Horacio Marín; y el embajador en Washington, Alec Oxenford, en una clara señal de alineamiento estratégico con la Casa Blanca.
Según el comunicado oficial de Washington, la iniciativa busca modernizar la red de ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, puertos, tendido eléctrico y conectividad digital para canalizar recursos críticos hacia los «mercados occidentales». Mientras los sectores del agro y la industria del centro del país demandan inversiones urgentes en rutas y costos logísticos locales, el flujo de dólares parece orientarse de manera casi exclusiva hacia el extractivismo y la exportación de commodities sin mayor valor agregado local.
