Un crimen ejecutado con extrema violencia y cálculo frío en la localidad de Capilla del Monte concluyó con el máximo castigo penal. La Cámara del Crimen de Cruz del Eje condenó a prisión perpetua a Sandra Leonor Videla, de 60 años, tras hallarla culpable del homicidio calificado por alevosía de Ángel Edmundo Pobeda, un hombre de 68 años en estado de vulnerabilidad tras haber sufrido un accidente cerebrovascular (ACV). El fallo ratificó que la mujer usurpadora montó una fachada profesional para ganarse la confianza de la víctima con un objetivo estrictamente económico: apropiarse de su vivienda.
Durante el desarrollo del juicio oral se acreditó que la condenada carecía de cualquier tipo de formación o certificación como asistente terapéutica. La tarde del 21 de marzo de 2025, Videla descargó una feroz seguidilla de golpes en la cabeza de Pobeda que el propio médico forense calificó de incuantificable por la severidad del impacto. Posteriormente, la agresora dedicó más de seis horas a alterar de forma metódica la escena del crimen: desvistió el cuerpo, lavó la vivienda con productos químicos para eliminar la sangre y envolvió el cadáver en una media sombra verde para deshacerse de él en un baldío cercano.
El intento de impunidad se derrumbó gracias al alerta inmediato de una pareja de vecinos que advirtió el traslado del bulto y dio aviso a las fuerzas de seguridad. Aunque la imputada intentó desviar la investigación inventando que la víctima se había retirado armada por un conflicto personal, las pericias forenses y el trabajo de campo expusieron la falsedad del relato. La sentencia expone no solo la peligrosidad de la condenada, sino las trágicas consecuencias de la falta de controles sobre quienes se introducen en los hogares bajo la falsa promesa de cuidar a personas en situación de indefensión.
