Seis de cada diez máquinas paradas en las plantas del país son el reflejo de una crisis estructural que amenaza con desmantelar a la industria textil. Como consecuencia directa de la acelerada desregulación del comercio exterior, la apreciación cambiaria y la falta de competitividad sistémica, las importaciones ya acaparan el 70% del mercado interno, desplazando por completo el histórico reparto en partes iguales entre la producción nacional y la oferta extranjera.
Tanto la Fundación Pro Tejer como la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) encendieron las alarmas sobre este fenómeno: mientras el ingreso de materias primas e insumos se desplomó debido al parate fabril, la llegada de indumentaria terminada desde el exterior se disparó un 62% en volumen durante el primer semestre. El sector denuncia un esquema de «competencia fraudulenta» donde la producción local debe afrontar una severa carga tributaria, al tiempo que ingresa mercadería a valores subfacturados e intervienen plataformas internacionales sin aranceles.
Con un desplome de la producción textil del 24,4% en lo que va del año y el uso de la capacidad instalada perforando el piso del 39%, las entidades industriales reclamaron el cumplimiento urgente de los controles aduaneros y el restablecimiento de condiciones equitativas para frenar el cierre de empresas y la pérdida de empleo.
