Los nuevos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) expusieron con crueldad la persistente brecha socioeconómica que fractura al país. Según los resultados del informe de Evolución de la Distribución del Ingreso correspondientes al segundo trimestre del año, sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el 10% de la población de mayores recursos concentró el 32,3% del total de la riqueza generada, registrando un ingreso per cápita familiar medio de $2.221.170.
En la vereda opuesta, el panorama refleja la crudeza del ajuste estructural: el primer decil, que agrupa al sector con menores ingresos de la sociedad, apenas captó el 1,8% del total del ingreso familiar, con un promedio per cápita de tan solo $124.142 mensuales. La comparación de las medianas entre los extremos de la pirámide social confirmó una brecha de 13 veces entre lo que percibe el estrato más favorecido ($1.800.000) y el piso más golpeado ($134.000), una distancia que permanece estancada y sin mejoras reales.
Por su parte, el Coeficiente de Gini —indicador clave que mide la inequidad distributiva— se posicionó en 0,428. Si bien se constató un leve descenso respecto al alarmante 0,442 del primer trimestre de 2026, la cifra se mantiene por encima del 0,424 registrado en el mismo período del año anterior, confirmando el deterioro interanual de la equidad. Mientras el ingreso per cápita promedio general apenas alcanzó los $688.496, la concentración de recursos sigue poniendo de manifiesto la urgencia de discutir políticas de fondo sobre el reparto de la riqueza en el país.
