La quinta votación indicativa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para elegir al sucesor de António Guterres ratificó la falta de consenso entre las principales potencias globales. Aunque la exvicepresidenta costarricense Rebeca Grynspan mantiene el primer lugar en las preferencias, registró un retroceso de apoyos y una suba en las objeciones, dejando al descubierto la fragilidad de las candidaturas líderes en la recta final del proceso.
En el segundo puesto se ubicó el diplomático argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quien conservó sus posibilidades pese a sostener un alto nivel de rechazos. Los analistas internacionales señalan que la contienda se ve condicionada por el quiebre geopolítico dentro del P5 (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido), donde los vetos cruzados por el conflicto en Ucrania, Medio Oriente y las disputas comerciales traban el surgimiento de una figura de consenso.
El proceso entrará en una etapa decisiva el próximo 16 de octubre, fecha proyectada para la votación con papeletas diferenciadas por color, mecanismo que expondrá explícitamente la posición y los eventuales vetos de los miembros permanentes. Frente a un mandato que vence a fin de año, las Naciones Unidas atraviesan una severa prueba de gobernabilidad institucional, donde el peso de las diplomacias de las superpotencias se impone por sobre la búsqueda de representatividad global.
