Una nueva escalada de violencia sacude la convulsa frontera entre Pakistán y Afganistán. Este viernes, un atentado de gran magnitud golpeó el distrito de Kohat, en la provincia de Jyber Pajtunjuá, dejando un saldo provisorio de al menos 16 muertos y más de 50 heridos en pleno centro de culto.
El hecho se registró durante la hora de oración, cuando un atacante embistió las instalaciones de la mezquita local con un vehículo cargado de explosivos. La edificación, ubicada a metros de un complejo de dependencias policiales, sufrió colapsos estructurales parciales que también afectaron a comercios y viviendas aledañas. En paralelo, al menos dos hombres armados intentaron irrumpir en el recinto de la fuerza de seguridad, desatando un intenso tiroteo con los agentes de guardia.
Unidades de emergencia desplegaron un operativo masivo para trasladar a los sobrevivientes hacia centros de salud cercanos, donde las autoridades médicas debieron declarar el estado de emergencia sanitaria ante la saturación de las salas. Fuentes del hospital local advirtieron que la cifra de fallecidos podría incrementarse debido a la gravedad de varios de los ingresados.
El ataque se suma a una racha incesante de hostilidades en la región: tan solo 24 horas antes, una bomba al paso de un convoy militar en el distrito de Hangu se cobró la vida de seis soldados, en una jornada donde tropas gubernamentales abatieron a 10 supuestos insurgentes. Aunque ninguna organización ha reivindicado la autoría del coche bomba, la maniobra se enmarca en la creciente ofensiva de los talibanes pakistaníes contra civiles y fuerzas del orden, en un conflicto transfronterizo que continúa sin freno ni respuesta efectiva por parte del Estado.
