El Día de la Industria dejó de ser una mera efeméride institucional para convertirse en el escenario de una fuerte apuesta política y económica. Desde la nueva sede de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), el gobernador Martín Llaryora lanzó este miércoles lo que definió como la Ley de Promoción Industrial «más potente, lejos, de la Argentina»; una normativa diseñada a medida para sostener la competitividad del sector privado en medio de un escenario económico que asfixia a la producción.
Con un tono pragmático y de urgencia, el mandatario no anduvo con rodeos respecto al ADN de su gestión y disparó: «No podés ser cordobés si no tenés una visión industrial. Sin industria no hay trabajo, y sin trabajo no hay progreso, no hay calidad de vida». El proyecto, que llegará tamizado por el consenso de las cámaras empresariales, apunta contra un enemigo histórico de las inversiones: los tiempos del Estado.
«Hoy la velocidad en el mundo vale», advirtió Llaryora, dejando en claro que los trámites no pueden seguir desfasados de las urgencias del sector privado. La premisa del Ejecutivo es drástica: bajar trabas administrativas y acelerar las radicaciones para que los proyectos de inversión no se diluyan tras meses de espera en oficinas gubernamentales.
Oxígeno fiscal para las pymes: menos papeles, más acción
El corazón del anuncio apunta a la columna vertebral del empleo cordobés: las pequeñas y medianas empresas. En un esfuerzo por amortiguar la crisis, la Provincia pondrá sobre la mesa un esquema de alivio impositivo de 4.500 millones de pesos. El impacto es directo y busca que las pymes alcanzadas paguen cero en Ingresos Brutos.
Pero el verdadero golpe de efecto radica en la simplificación del acceso. Llaryora anunció un cambio de paradigma para evitar que las estructuras más chicas mueran en el intento de pedir ayuda: «No esperamos a que presenten los papeles, directamente muestran la facturación». Se trata de una maniobra de contención rápida para inyectar alivio y lograr que los industriales cordobeses puedan atravesar la transición sin verse obligados a «dejar gente afuera».
La logística y el fantasma de la apertura indiscriminada
Durante su discurso, el gobernador también puso el dedo en la llaga sobre el déficit estructural que condiciona a Córdoba: la distancia al puerto. Para Llaryora, la logística es el mayor desafío de competitividad local, una desventaja que el Estado debe compensar obligatoriamente con infraestructura dura (rutas, energía y gas) y la formación constante de talento adaptado a la industria 4.0.
Finalmente, y en lo que se leyó como un mensaje ineludible hacia el modelo de apertura nacional, el mandatario exigió que la inserción de Argentina en el mundo sea inteligente y proteccionista en su justa medida. «Hay que hacer una transición, pero toda transición necesita políticas específicas para que a los otros les permita hacerla sin morir en el intento», sentenció.
El cierre de Llaryora fue toda una declaración de principios para el empresariado local: «A la industria hay que defenderla, y se la defiende con hechos».
